ANIMALES DE COMPAÑÍA. Crónica Teatral
La comedia por acumulación de Estel Solé
que se ha presentado en el Teatro Principal de Zaragoza tuvo una primera
versión, hace más de un decenio, en Barcelona. Pasó luego por la etapa
denominada ‘teatro familiar’ o teatro de terrazas, esos espectáculos de pequeño
formato que pueden representarse en un salón amplio para pocos espectadores
previamente convocados.
El argumento recoge la preparación de un grupo de amigos al regreso de Belén, que acaba de salir de un internamiento psiquiátrico tras su intento de suicidio. La primera mitad de esta comedia frenética se asemeja a un hormiguero donde los cuatro amigos entran, salen, se revuelven, se rozan, se confunden, se tropiezan… intentando acondicionar el salón para la llegada de la amiga. Ella no sabe que su novio la ha abandonado y se ha ido a Australia con otra mujer, de modo que uno de los amigos que la esperan, Alex, ha estado enviándole mensajes y haciéndose pasar por aquel desertor sentimental.
Esa gran mentira es el esqueleto sobre el que funciona esta comedia no convencional, que va ganando altura a medida que transcurre la trama y se confirma la confusión, la amenaza, la traición, la sospecha y toda una serie de elementos negativos que se desarrollan a un ritmo tremendamente acelerado para transmitir la idea tan moderna y comprobable de que el frenesí se está apoderando de la sociedad y de que todo es inestable, ficticio y eventual.
Carmen Ruiz, Jorge Suquet, Mónica Regueiro, Iñaki Ardanaz y Laura Galán consiguen mantener a flote este texto que contiene recovecos intencionales menos explícitos que los que ofrece una comedia al uso.
Se percibe cierta sensación de inseguridad en la tarea del director, algo explicable al tratarse de su primera experiencia como tal.
Francisco Javier Aguirre
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