EL SUBMARINO. Crónica teatral
En España, cerca del 50% de los matrimonios acaban en divorcio o separación, dice la estadística. De modo que ‘El submarino’, la obra de María Carmen Barbosa y Miguel Falabella que está ofreciendo el Teatro de Las Esquinas, dirigida por Carlos Olalla e interpretada por Luis Mottola y Arantxa de Miguens, responde a la rabiosa actualidad. Aunque en muchos casos esta situación derive en drama e incluso en tragedia, los autores la enfocan desde una perspectiva original, en la que predomina lo cómico sobre lo amargo.
Tras un flechado repentino por parte de ambos protagonistas, se produce la habitual saturación de la convivencia en una relación que se presumía eterna. Pocas cosas hay perdurables en un ambiente tan inestable como el que hoy se vive. La pareja se deshace sobre un escenario que tiene como punto de referencia el dormitorio, con alusiones a otros espacios interiores y exteriores proyectados en el fondo de la pantalla.
La situación planteada en ‘El submarino’ es verosímil, aunque no suele ser habitual. El tema de las relaciones de pareja se aborda en tono alegre y despreocupado, pero sin quedarse en lo superficial, de ahí el título de la obra. Entre carcajada y carcajada, el amor se hunde sin remedio. César y Rita se reencuentran y se separan reiteradamente, dando origen a situaciones ácidas, pero sobre todo cómicas, hasta finalizar la trama del mismo modo que comenzó, formalizando de este modo un recorrido circular.
Soberbia la interpretación de Luis Mottola, expresivo en su acento porteño y en el gesto, con Arantxa de Miguens de partenaire incisiva, menos contenida en la actitud pero muy expresiva en posturas y lenguajes. Un tróley siempre presente es el símbolo de la movilidad, tanto física como emocional, en la que se desenvuelve la trama.
Francisco Javier Aguirre
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