domingo, 1 de noviembre de 2026

LA COMEDIA DE LA OLLA. Crónica teatral

 

LA COMEDIA DE LA OLLA. Crónica teatral

Estrenada en el Festival de Mérida del pasado verano, esta comedia que Plauto tituló ‘Aulularia’, adaptada por Antonio Prieto y Juan Luis Iborra, que la dirige, tiene como protagonista a Carlos Sobera en el papel de Euclión, viejo avaro que intenta esconder una olla llena de monedas de oro encontrada fortuitamente. 

A partir de ese momento, hace girar en torno suyo a todo un conjunto de personajes, no coincidentes con la obra original, que es mucho más compleja y fragmentaria, pero sí oportunamente diseñados para provocar un enredo familiar y social que retrata situaciones cómicas de fácil digestión. La comedia tiene dos elementos que incrementan su interés para el público y la amenizan. El primero, los episodios musicales intercalados en la trama, y el segundo, el descenso del protagonista al patio de butacas, acompañado de su cortejo, para interactuar con algunos de los espectadores.

La actuación de Carlos Sobera es la esperada, conocida de sobra a través de los programas televisivos en los que interviene desde hace años. Suelto de gestos y de lengua, consigue arropar a su alrededor al resto del elenco que intenta entretener al público en tono menor, porque hay más sonrisas complacientes que carcajadas explosivas a lo largo de la obra. Una  de las alusiones que pretende ser graciosa, referida a los pinchos morunos, no parece ser la más adecuada para los tiempos que corren.

La iluminación del escenario resulta a veces imprecisa, las coreografías intercaladas intentan emular a las comedias musicales en un ambiente ameno, con interpretaciones eficientes del elenco actoral, un tanto ensombrecidas por el protagonismo del viejo Euclión.

Francisco Javier Aguirre

 

viernes, 30 de octubre de 2026

LAS RATAS. Crónica teatral

 

LAS RATAS. Crónica teatral

Trasladar a la escena una obra literaria de tanta calidad como ‘Las ratas’, de Miguel Delibes, es un propósito encomiable. Reunir en un solo actor a los múltiples personajes de la trama, es un reto de alto riesgo. Los recursos fonéticos y gestuales de Javier Martínez-Losa, director e intérprete de su propia dramaturgia, sorprenden porque consigue definir, con el apoyo de una breve pero significativa tramoya, las situaciones y las personalidades en torno a las cuales gira la vida del Ratero, el padre de Nini que nos cuenta la historia de su infancia desde una perspectiva de otro nivel, la de un hombre adulto que ha conseguido consolidar profesionalmente sus dotes y sus dones naturales. 

Aquí es donde radica la cierta extrañeza que produce la propuesta escénica. El protagonista, ya situado en una esfera social y cultural distinta a la que relata, aparece un tanto desubicado por cuanto es capaz de dar vida propia a sus personajes, pero no transmite de modo suficiente la suya, la de un adulto establecido y consolidado dentro de una sociedad formal. En una palabra, aparecen buena parte de los personajes de su infancia, él incluido, pero no alcanza a representar su situación actual, ni en gestos ni en tono ni en lenguaje. Esa ambivalencia hubiera dotado de mayor verosimilitud al traslado escénico de un relato emblemático.

El mundo rural supera al medio urbano, en el que está instalado de forma definitiva el protagonista, lo cual es lógico y coherente, pero la distancia hubiera podido quedar más explícita que una simple caña de pescar y unos silbidos. La nomenclatura de las fechas refiriéndolas al santoral se acomoda a la narrativa de Delibes, pero distancia la novela de su versión dramática. 

No obstante, hay que aplaudir la capacidad del autor-director-intérprete para diversificar la prosodia y desplegarse en múltiples personajes a base de gestos y actitudes, a veces tan simples, pero tan significativos, como variar la posición de su gorra campestre.

Francisco Javier Aguirre

 

lunes, 19 de octubre de 2026

PROTOCOLO. Crónica teatral

 

PROTOCOLO. Crónica teatral

La programación de una obra con inversión de papeles ofrece una atractiva novedad, dentro de los parámetros escénicos habituales. En el Teatro de La Estación se ha ofrecido durante el pasado fin de semana la obra ‘Protocolo’, escrita y dirigida por Abel González Melo, a cargo de la compañía La Belloch Teatro. La singularidad de la puesta en escena es la alternancia de protagonismo de los dos intérpretes, Beatriz Argüello y Ernesto Arias, porque en la sesión del sábado 17, la mujer, Petra, es la médico directora de un balneario instalado en una turística población costera cuya alcaldía ostenta Tomás, su  marido; pero en la sesión del domingo 18, los papeles se intercambian, siendo ella la alcaldesa y él el médico director del balneario. La única circunstancia permanente es que, en ambos casos, los dos personajes siguen siendo matrimonio.

El meollo de la acción gravita sobre las diversas posturas de cada personaje en relación con un problema de salud medioambiental con diferente enfoque: desde el poder político municipal se ve de una manera, y desde la responsabilidad profesional de la dirección del balneario, cuyas aguas pueden estar infectadas, se ve de otra. El conflicto parece irresoluble hasta que se destapa en la trama un antiguo conflicto matrimonial que inclina la balanza hacia el poder político. Con una interpretación muy matizada por ambos actores, el trasfondo de la obra deja claro que los intereses éticos decaen ante los políticos cuando estos encuentran una fisura personal que obligan a rendirse al adversario.

La traslación a la actualidad del viejo dilema planteado por Ibsen hace siglo y medio, deja un poso de amargura en el espectador, a pesar de la excelente interpretación de los protagonistas. Buen teatro, reflejando la realidad cotidiana a pequeña escala, pero mal augurio para el incierto futuro que nos aguarda.

Francisco Javier Aguirre

sábado, 10 de octubre de 2026

LA PASIÓN INFINITA. Crónica teatral

LA PASIÓN INFINITA. Crónica teatral

Pepón Nieto es un habitual en los escenarios zaragozanos. En 2021 lo vimos en ‘Anfitrión’, de Plauto, y en 2024 actuó en ‘La comedia de los errores’, de Shakespeare, ambas obras en el Teatro Principal. 

Ahora es el protagonista absoluto de ‘La pasión infinita’, de José Troncoso, también director del espectáculo tragicómico que, desde hace una semana, y hasta que finalice la próxima, está llenando el Teatro de Las Esquinas, muy bien acompañado: nuestra Ana Labordeta, genial en su monólogo, el dramaturgo, director y actor argentino Claudio Tolcachir, y el refinado figurinista Avelino Piedad, todos ellos armonizados por el piano de Lola Barroso. 

La obra de Troncoso es un golpe en la conciencia y en la sensibilidad del espectador, que se encuentra con una comedia de alta tensión que pretende y consigue situar el fenómeno teatral como una de las cumbres artísticas, que lo fue, y lo sigue siendo hoy día, por fortuna. Actuación impecable de los cuatro intérpretes en una pieza unitaria, aunque estructurada en tres fases definidas: la de la aspiración, donde predomina la comedia, la de la reflexión, en la que Claudio Tolcachir profundiza de manera impactante en el fenómeno teatral, como el dramaturgo de altura que es, y la de la realización, con su punto dramático, incluso trágico, donde el protagonista alcanza la cumbre de su aspiraciones al convertirse en la pieza clave de un drama abrazado por la emoción. 

La obra pudiera sintetizarse como un canto a la persistencia en la realización de un ideal. Banda sonora de gran calado sobre una escenografía que juega de modo perfecto con las luces y las sombras, que simbolizan las oscilaciones en la trayectoria de un propósito inspirado por una pasión.

Francisco Javier Aguirre

 


viernes, 25 de septiembre de 2026

PARA LA PRIMAVERA, NADA. Crónica teatral

 

PARA LA PRIMAVERA, NADA. Crónica teatral

Los intentos del ‘nuevo teatro’ por singularizar su existencia son constantes desde que en las postrimerías del siglo XIX y a lo largo del XX, un tropel de dramaturgos propusieron nuevas fórmulas para dar vitalidad a los escenarios. Jarry rompió con el naturalismo y abrió la puerta al surrealismo y al teatro del absurdo. Brecht aportó los efectos del distanciamiento con su teatro épico, tratando de que los espectadores adoptaran una postura reflexiva y crítica. Artaud desarrolló una fórmula nueva que denominó ‘teatro de la crueldad’; la lista es amplia. En España, figuras como Valle Inclán, García Lorca y Arrabal, entre otros, establecieron nuevos parámetros en los espacios escénicos.

En esa intención se mueven Ana Ibarrondo y Pablo Pérez Alonso a la hora de plantear el espectáculo que se está ofreciendo en el Teatro del Mercado durante este fin de semana. Tres actores, Elisa Forcano, David Candela y el propio Pérez Alonso, quien a su autoría añade la dirección del espectáculo y su coreografía, ofrecen un recital de gestos y contorsiones que encaminan la obra por senderos conducentes a la revelación de algo oculto, de historias antiguas vehiculadas por un enigmático viaje en tren que ocupa la pantalla durante varios minutos como símbolo de un trayecto vital cuya conclusión es la muerte.

El texto es inicialmente opaco y casi inaudible más allá de la segunda o tercera fila. Es en la conclusión de la caótica comida de los personajes cuando estalla la tempestad de Elisa Forcano transmitiendo la posibilidad de que todo aquel espectáculo se haya desarrollado en las interioridades de un psiquiátrico donde los personajes pululan sin control.

Las interpretaciones consiguen un alto nivel expresivo utilizando movimientos muy trabajados para transmitir el caos interior que gobierna sus vidas, trasunto del caos exterior en el que se debate actualmente nuestra civilización.

Francisco Javier Aguirre

 

sábado, 19 de septiembre de 2026

GIGANTE. Crónica teatral

 

GIGANTE. Crónica teatral

El Teatro Principal está ofreciendo esta impactante creación de Mark Rosenblatt, curtido actor británico que inicia su autoría con un tema de gran calado. La obra nos presenta el conflicto que se le planteó al famoso escritor Roald Dahl, en 1983, tras publicar en un periódico la reseña de un libro sobre la invasión israelí del Líbano, que ofendió a muchos lectores, quienes consideraron antisemitas sus comentarios.

No puede ser más actual el tema. La tragedia de Gaza y el sur del Líbano, que parece haber pasado a un segundo plano porque los conflictos tanto en España como en el exterior priman en las informaciones, está vigente en toda su crudeza. José María Pou nos lo recuerda, en una actuación sobresaliente, acompañado de cinco actores que giran en torno a su compleja personalidad.

Tras un inicio un tanto anodino, la trama adquiere altura con la llegada de Jessie Stone, una editora norteamericana de religión judía, interpretada por Claudia Benito, que se enfrentará duramente con el escritor. La pugna entre ellos constituye el eje de la obra, que se representa en dos partes con descanso intermedio, lo cual alarga en exceso su desarrollo. 

Los personajes del editor Tom Maschler (Pep Planas) y de la pareja del protagonista, Felicity Crosland (Victòria Pagès), están bien diseñados, siendo más relevante el primero que la segunda. La presencia de los secundarios Aida Llop y Jep Barceló, criada y jardinero, proporcionan cierto respiro a la acción, con alguna pincelada de carácter simbólico por parte del segundo.

Hay asuntos concomitantes, que van apareciendo como cortejo narrativo, recalcados por la ironía y el sarcasmo del protagonista. Es de especial significado el tema de los honores y galardones que concede la sociedad a la gente de la cultura, que según manifiesta el protagonista en boca de escritor a quien interpreta, deben arrodillarse simbólicamente ante las instituciones y mostrar una sumisión inquebrantable para recibirlos. Roald Dahl siempre rechazó el título honorífico de ‘Sir’.

Francisco Javier Aguirre

lunes, 6 de julio de 2026

JACK EL DESTRIPADOR. Crónica teatral

 

JACK EL DESTRIPADOR. Crónica teatral

Aunque ese es el tema, el título completo de la obra de Ignacio García May, presentada en el Teatro de Las Esquinas, como broche final del ciclo Delicias Clásicas, el domingo día 5, es ‘Afectuosamente suyo, Jack el destripador’. Alude a la despedida que el misterioso asesino londinense envió a la policía el 21 de septiembre de 1888, antes de desaparecer en el anonimato; una situación que se mantiene en el presente a pesar de las investigaciones realizadas a lo largo de casi siglo y medio.

El concepto de lo clásico se amplía a medida que transcurre el tiempo, de manera que esta obra moderna, estrenada en octubre del año pasado, entra dentro del perfil por su temática, lo cual no obsta para considerarla una composición teatral moderna de andamiaje complejo, con ingredientes de vodevil, análisis dramático y comedia de terror. 

Bajo la meticulosa dirección de Javier Sahuquillo, presente en la sala y en el coloquio posterior, cuatro actores ensamblan diferentes cuadros naturalistas, porque esa es otra de las dinámicas que aparecen en el texto dramático, combinadas con cierto espíritu de reality show a la antigua y un ambiente de cabaret trovero. Todo ello confiere a la obra un carácter propio que estimula el análisis y la reflexión, que rompe moldes, aportando a la escena contemporánea una simbiosis de modernidad y clasicismo que la hace única.

Excelente interpretación del conjunto actoral, que da vida, junto al ‘doctor’ y presunto asesino, a  tres personajes reales de la época, el actor Henry Irving y los escritores Bram Stoker y George Bernard Shaw. Destaca en el elenco Lula Heredia, actuando como una especie de maestro de ceremonias, de manera ágil y natural.

 Francisco Javier Aguirre