PARA LA PRIMAVERA, NADA. Crónica teatral
Los intentos del ‘nuevo teatro’ por singularizar su existencia son constantes desde que en las postrimerías del siglo XIX y a lo largo del XX, un tropel de dramaturgos propusieron nuevas fórmulas para dar vitalidad a los escenarios. Jarry rompió con el naturalismo y abrió la puerta al surrealismo y al teatro del absurdo. Brecht aportó los efectos del distanciamiento con su teatro épico, tratando de que los espectadores adoptaran una postura reflexiva y crítica. Artaud desarrolló una fórmula nueva que denominó ‘teatro de la crueldad’; la lista es amplia. En España, figuras como Valle Inclán, García Lorca y Arrabal, entre otros, establecieron nuevos parámetros en los espacios escénicos.
En esa intención se mueven Ana Ibarrondo y Pablo Pérez Alonso a la hora de plantear el espectáculo que se está ofreciendo en el Teatro del Mercado durante este fin de semana. Tres actores, Elisa Forcano, David Candela y el propio Pérez Alonso, quien a su autoría añade la dirección del espectáculo y su coreografía, ofrecen un recital de gestos y contorsiones que encaminan la obra por senderos conducentes a la revelación de algo oculto, de historias antiguas vehiculadas por un enigmático viaje en tren que ocupa la pantalla durante varios minutos como símbolo de un trayecto vital cuya conclusión es la muerte.
El texto es inicialmente opaco y casi inaudible más allá de la segunda o tercera fila. Es en la conclusión de la caótica comida de los personajes cuando estalla la tempestad de Elisa Forcano transmitiendo la posibilidad de que todo aquel espectáculo se haya desarrollado en las interioridades de un psiquiátrico donde los personajes pululan sin control.
Las interpretaciones consiguen un alto nivel expresivo utilizando movimientos muy trabajados para transmitir el caos interior que gobierna sus vidas, trasunto del caos exterior en el que se debate actualmente nuestra civilización.
Francisco Javier Aguirre
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