viernes, 25 de septiembre de 2026

PARA LA PRIMAVERA, NADA. Crónica teatral

 

PARA LA PRIMAVERA, NADA. Crónica teatral

Los intentos del ‘nuevo teatro’ por singularizar su existencia son constantes desde que en las postrimerías del siglo XIX y a lo largo del XX, un tropel de dramaturgos propusieron nuevas fórmulas para dar vitalidad a los escenarios. Jarry rompió con el naturalismo y abrió la puerta al surrealismo y al teatro del absurdo. Brecht aportó los efectos del distanciamiento con su teatro épico, tratando de que los espectadores adoptaran una postura reflexiva y crítica. Artaud desarrolló una fórmula nueva que denominó ‘teatro de la crueldad’; la lista es amplia. En España, figuras como Valle Inclán, García Lorca y Arrabal, entre otros, establecieron nuevos parámetros en los espacios escénicos.

En esa intención se mueven Ana Ibarrondo y Pablo Pérez Alonso a la hora de plantear el espectáculo que se está ofreciendo en el Teatro del Mercado durante este fin de semana. Tres actores, Elisa Forcano, David Candela y el propio Pérez Alonso, quien a su autoría añade la dirección del espectáculo y su coreografía, ofrecen un recital de gestos y contorsiones que encaminan la obra por senderos conducentes a la revelación de algo oculto, de historias antiguas vehiculadas por un enigmático viaje en tren que ocupa la pantalla durante varios minutos como símbolo de un trayecto vital cuya conclusión es la muerte.

El texto es inicialmente opaco y casi inaudible más allá de la segunda o tercera fila. Es en la conclusión de la caótica comida de los personajes cuando estalla la tempestad de Elisa Forcano transmitiendo la posibilidad de que todo aquel espectáculo se haya desarrollado en las interioridades de un psiquiátrico donde los personajes pululan sin control.

Las interpretaciones consiguen un alto nivel expresivo utilizando movimientos muy trabajados para transmitir el caos interior que gobierna sus vidas, trasunto del caos exterior en el que se debate actualmente nuestra civilización.

Francisco Javier Aguirre

 

sábado, 19 de septiembre de 2026

GIGANTE. Crónica teatral

 

GIGANTE. Crónica teatral

El Teatro Principal está ofreciendo esta impactante creación de Mark Rosenblatt, curtido actor británico que inicia su autoría con un tema de gran calado. La obra nos presenta el conflicto que se le planteó al famoso escritor Roald Dahl, en 1983, tras publicar en un periódico la reseña de un libro sobre la invasión israelí del Líbano, que ofendió a muchos lectores, quienes consideraron antisemitas sus comentarios.

No puede ser más actual el tema. La tragedia de Gaza y el sur del Líbano, que parece haber pasado a un segundo plano porque los conflictos tanto en España como en el exterior priman en las informaciones, está vigente en toda su crudeza. José María Pou nos lo recuerda, en una actuación sobresaliente, acompañado de cinco actores que giran en torno a su compleja personalidad.

Tras un inicio un tanto anodino, la trama adquiere altura con la llegada de Jessie Stone, una editora norteamericana de religión judía, interpretada por Claudia Benito, que se enfrentará duramente con el escritor. La pugna entre ellos constituye el eje de la obra, que se representa en dos partes con descanso intermedio, lo cual alarga en exceso su desarrollo. 

Los personajes del editor Tom Maschler (Pep Planas) y de la pareja del protagonista, Felicity Crosland (Victòria Pagès), están bien diseñados, siendo más relevante el primero que la segunda. La presencia de los secundarios Aida Llop y Jep Barceló, criada y jardinero, proporcionan cierto respiro a la acción, con alguna pincelada de carácter simbólico por parte del segundo.

Hay asuntos concomitantes, que van apareciendo como cortejo narrativo, recalcados por la ironía y el sarcasmo del protagonista. Es de especial significado el tema de los honores y galardones que concede la sociedad a la gente de la cultura, que según manifiesta el protagonista en boca de escritor a quien interpreta, deben arrodillarse simbólicamente ante las instituciones y mostrar una sumisión inquebrantable para recibirlos. Roald Dahl siempre rechazó el título honorífico de ‘Sir’.

Francisco Javier Aguirre