lunes, 12 de febrero de 2024

ENTREVISTA CON MI HIJA MARI. Crónica Teatral

 

ENTREVISTA CON MI HIJA MARI. Crónica Teatral

Yeyo Bayeyo no es un seudónimo de la hija de Antonia San Juan, sino un periodista de investigación de una de las tantas cadenas televisivas que ofrecen entrevistas con personas ilustres o menos, en cualquier caso populares, por motivos dignos o indignos.

El comienzo del espectáculo ofrecido en el Teatro de Las Esquinas el domingo, día 11, con el aforo completo, lo abría el presentador con una fórmula que emulaba cómicamente la actuación de ciertos divos de la pequeña pantalla que ponen por delante la importancia propia sobre la de las personas que van a entrevistar.

Para añadir leña al fuego, la compañía de un piano en escena auguraba música. El prólogo quedó prontamente diluido con la aparición de Antonia San Juan, convocada para hacer una muestra de su carrera artística como cantante. En pocos minutos se comió la personalidad del entrevistador, tras una muestra desternillante de su habilidad musical.

No tardó en sentarse en el sofá para comenzar narrando sus conflictos maritales y las derivaciones familiares protagonizadas por una ausente principal, su hija Mari, a la que se fue sumando también su otro hijo, Paco, igualmente ausente. 

Quienes sí iban apareciendo, aunque de manera virtual a través de la pantalla, eran diferentes personajes y vecinos del barrio que aportaban testimonios contradictorios sobre las declaraciones que la artista estaba haciendo al periodista de investigación.

No quedó títere con cabeza a lo largo de la entrevista. Todo resultaba tan cómico e hilarante que hasta la propia actriz sucumbió a una risa incoercible, avanzada ya la representación. Desde el acento canario de Antonia San Juan, autora de la dramaturgia y directora de sí misma, hasta el papel subsidiario del supuesto periodista, toda la trama fue un retablo de episodios cómicos, críticos y a veces cáusticos, que tuvieron por objeto reivindicar la dignidad femenina frente al machismo ancestral que, de manera sutil, sigue dominando buena parte de la vida social.

La caricatura certera, las ocurrencias gozosas y el lenguaje quebradizo adornado por el acento populachero de la actriz, derivaron en un final imprevisible y dramático, pero de alto valor simbólico.

Francisco Javier Aguirre

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