QUERIDA AGATHA
CHRISTIE. Crónica teatral
Un episodio traumático en la vida de Agatha Christie ha dado pie a Juan Carlos Rubio para escribir y dirigir una obra que participa de dos fórmulas frecuentes sobre las tablas: el drama y la comedia. Si a ellos se añade un elemento presuntamente onírico, como es la presencia de un escritor famoso fallecido siete años antes del momento en que se desarrolla la acción, el cóctel puede resultar explosivo en el mejor sentido de la palabra.
Y así ocurre en el inesperado encuentro entre la novelista británica y el famoso escritor español, nacido en las Islas Canarias, Benito Pérez Galdós, hace 183 años. Allí precisamente se desarrolla la trama, un repertorio de aciertos que abarcan el lenguaje, el análisis psicológico, los recuerdos nostálgicos, la tensión ambiental, la contraposición de caracteres y el proceso de acercamiento entre dos personas desconocidas pero embarcadas en la misma aventura literaria, cada cual con su propia dinámica.
Es un gran acierto la utilización, por parte del autor, de frecuentes formas lingüísticas propias de la alta literatura: la elipsis, la perífrasis, el hipérbaton, la prosopopeya, el oxímoron... que se deslizan con naturalidad en los parlamentos del anciano escritor redivivo, contrastando con las expresiones propias de la literatura de suspense y detectives que utiliza la novelista británica.
Las alusiones de tiempo y lugar, con el impactante estallido luminoso, sonoro y humeante de un huracán, trasunto del que invade a la angustiada protagonista, son precisas y oportunas para ir configurando un final sorprendente en el que junto a Carmen Morales y Juan Meseguer, que interpretan de forma exquisita a sus personajes, aparece el propio director de la obra dando un toque inesperado que consigue coronar con una guinda luminosa el exquisito pastel cocinado a lo largo de casi hora y media.
Francisco Javier Aguirre
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