domingo, 22 de octubre de 2023

EL PERFUME DEL TIEMPO. Crónica Teatral

 

EL PERFUME DEL TIEMPO.  Crónica Teatral                                 

A los pocos minutos de comenzar la representación de ‘El perfume del tiempo’, la obra de Chema Cardeña que se ha ofrecido en el Teatro de la Estación durante el último fin de semana, sentí una especie de desazón, algo así como una carencia. La ambientación, la música, las proyecciones videográficas y el conocimiento global del argumento me hacían desear que el acento de los protagonistas fuera argentino, incluso porteño, puesto que allí se desarrolla la acción.

Esa espontánea demanda auditiva se fue diluyendo paulatinamente cuando los diálogos entre Héctor, el padre jubilado y perfumista, interpretado de manera convincente por Juan Carlos Garés, y su presunta hija Gabriela, a la que da papel Iría Márquez con gran riqueza expresiva,  comienzan a tomar temperatura.

Presunta, porque en realidad su nombre original es Victoria, como no tardará en descubrirse al entrar en escena Sofía, personificada de modo excelente y conmovedor por Marisa Lahoz, una de las Abuelas de la Plaza de Mayo, que andan identificando a los niños robados durante la dictadura militar del general Videla y sus cómplices de 1976 a 1983.

La trama se enrosca dramáticamente en torno a este espantoso suceso en el que se ve involucrado Héctor, que acaba por reconocer su participación activa en el delito. El pasado va ganando presencia hasta imponerse a todos los personajes, incluido el hermano de Gabriela-Victoria, que interpreta Manu Valls, ajeno hasta entonces a la tragedia.

Extraordinaria la actuación de los cuatro intérpretes, particularmente la de Marisa Lahoz, en el papel de Sofía Timmerman, de una de una verosimilitud extrema, apabullante. Escenografía, iluminación, efectos musicales y recursos videográficos bien ensamblados con la trama y el ritmo de la obra, dirigida por el propio autor.

Confieso que salí del Teatro admirado por la representación, pero anímicamente destrozado, porque se da la circunstancia de que en 1986 estuve, junto con mi mujer, caminando una tarde-noche en Buenos Aires, ante la Casa Rosada, del brazo de las Abuelas de la Plaza de Mayo.

 

Francisco Javier Aguirre

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