domingo, 17 de diciembre de 2023

LAS NOCHES MALAS DE AMIR SHRINYAN. Crónica Teatral

 

LAS NOCHES MALAS DE AMIR SHRINYAN. Crónica Teatral

El tema de la homosexualidad que hoy, por fortuna, entra dentro de los parámetros ordinarios de la conversación y la gestión en nuestro país, sigue siendo tabú en algunas sociedades del oriente fanático. El problema surge en las esferas oficiales cuando un fugitivo de aquellos lugares pide asilo en España amparándose en su condición sexual.

Este es el eje de la obra de Albert Tola que, bajo la dirección de Carlos Rodríguez Alonso, ha ofrecido la compañía Teatro del Astillero / Cía. Nigredo de Madrid, en coproducción con los Teatros del Canal de la capital. Esther Berzal, Rodrigo García Olza, Carlos Lorenzo y Tomás Rodado, los intérpretes, asumen plenamente sus papeles, siento notable también el espacio sonoro, con frecuentes jadeos entre bambalinas, original de Álvaro Renedo.

El joven Amir Shrinyan debe pasar una rigurosa inspección en la comisaría de inmigración donde un agente le interroga y le hace desnudarse por completo para averiguar si es homosexual. Es el motivo que el emigrante aduce para solicitar asilo político en España. Regresar a su país significaría la cárcel y quizá la muerte.

El reto está servido. El autor de la obra podría haber derivado el argumento en esa dirección, pero ha preferido otra: la de implicar al protagonista y al policía en una relación ambigua que desemboca en la complicidad de quien también presuntamente, quebrando las apariencias, es homosexual.

Como personaje intermediador aparece un abogado solitario que ampara al protagonista y que también tiene su misma tendencia. Sobre ese trío masculino revolotea una entidad imprecisa de carácter femenino que marca el devenir profundo de la situación que envuelve a los tres personajes. Es un ser simbólico con posibilidades de encarnación física, que durante todo el trayecto dramático parece proteger como un alma buena al joven Amir.

La obra se presta a  interpretaciones varias, algunas compatibles entre sí, dejando en manos del espectador la elección. Hay que destacar la versatilidad interpretativa del policía, frente a una actuación más monocorde por parte de los otros dos actores, mientras que la actriz, desde su plano incorpóreo, adquiere el sesgo de alma buena o elemento protector del extranjero que busca refugio en un país civilizado. Finalmente se trata de la dialéctica de la apariencia enfrentada a la realidad de las intenciones.

Un nuevo hito en la programación incisiva y sugerente del zaragozano Teatro de la Estación.

Francisco Javier Aguirre

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