lunes, 23 de octubre de 2023

TODAS LAS MENTIRAS. Crítica literaria

 

TODAS LAS MENTIRAS. Crítica literaria

 

El refinado bisturí literario de Carlos Manzano deja en carne viva a los personajes de su última novela ‘Todas las mentiras’ publicada por La Fragua del Trovador. Como es preceptivo, es al protagonista,  Isidro Trigo, a quien aplica las técnicas de disección a su alcance, que son variadas y eficaces. 

Un hombre vulgar, uno de tantos oficinistas como pululan por el universo burocratizado en el que sobrevivimos, es el polo de atracción del afinado y atinado análisis que, a través de él, realiza Manzano de la sociedad contemporánea. Con una precisión milimétrica va diseñando los diferentes estratos de la personalidad de un hombre recién separado de su mujer por decisión de ella. Sorprendido en un inocente contacto con una menor, conocida a través de las redes, se ve obligado a a abandonar el hogar y a refugiarse en un hotel. Pasados unos días, encuentra una habitación disponible en casa de una mujer, Maricarmen, de un perfil impreciso desde el punto de vista vital y laboral, aunque no desde el erótico porque todos los indicadores la señalan como lesbiana. 

En el catálogo femenino que maneja Manzano figuran otros seres de menor relieve, como su ex mujer, la hija de ambos, las dos parejas de Maricarmen y Laura, la secretaria del director de la empresa donde trabaja Isidro, que va ganando peso a lo largo de la trama para perderlo al final. Es el punto de desconsuelo, por una parte, y el acicate, por otra, que obliga al protagonista a tomar las riendas de su existencia. 

En el catálogo masculino figuran sus compañeros de trabajo y un amigo eventual, que vive en la vorágine. Isidro se niega a entrar en ella a pesar de su soltería y esquiva cualquier tipo de dependencia hasta el punto de renunciar a su puesto de trabajo. 

El final de la narración es un canto a la esperanza porque da opción a un renacimiento y al recrecimiento del personaje que, por último, ha tomado el timón de su futuro.

Es prodigiosa la habilidad con que Manzano va analizando fibra a fibra las interioridades de Trigo hasta dejarlo desnudo. Nos muestra a un ser prototípico, un ente sin relieve de los que pululan en el mundo contemporáneo, un modelo de la inconsistencia predominante en la sociedad actual, un hombre resignado a pastar en los eriales de la duda, en los vórtices de la resignación, en los abismos de la falta de significado. 


Francisco Javier Aguirre

domingo, 22 de octubre de 2023

EL PERFUME DEL TIEMPO. Crónica Teatral

 

EL PERFUME DEL TIEMPO.  Crónica Teatral                                 

A los pocos minutos de comenzar la representación de ‘El perfume del tiempo’, la obra de Chema Cardeña que se ha ofrecido en el Teatro de la Estación durante el último fin de semana, sentí una especie de desazón, algo así como una carencia. La ambientación, la música, las proyecciones videográficas y el conocimiento global del argumento me hacían desear que el acento de los protagonistas fuera argentino, incluso porteño, puesto que allí se desarrolla la acción.

Esa espontánea demanda auditiva se fue diluyendo paulatinamente cuando los diálogos entre Héctor, el padre jubilado y perfumista, interpretado de manera convincente por Juan Carlos Garés, y su presunta hija Gabriela, a la que da papel Iría Márquez con gran riqueza expresiva,  comienzan a tomar temperatura.

Presunta, porque en realidad su nombre original es Victoria, como no tardará en descubrirse al entrar en escena Sofía, personificada de modo excelente y conmovedor por Marisa Lahoz, una de las Abuelas de la Plaza de Mayo, que andan identificando a los niños robados durante la dictadura militar del general Videla y sus cómplices de 1976 a 1983.

La trama se enrosca dramáticamente en torno a este espantoso suceso en el que se ve involucrado Héctor, que acaba por reconocer su participación activa en el delito. El pasado va ganando presencia hasta imponerse a todos los personajes, incluido el hermano de Gabriela-Victoria, que interpreta Manu Valls, ajeno hasta entonces a la tragedia.

Extraordinaria la actuación de los cuatro intérpretes, particularmente la de Marisa Lahoz, en el papel de Sofía Timmerman, de una de una verosimilitud extrema, apabullante. Escenografía, iluminación, efectos musicales y recursos videográficos bien ensamblados con la trama y el ritmo de la obra, dirigida por el propio autor.

Confieso que salí del Teatro admirado por la representación, pero anímicamente destrozado, porque se da la circunstancia de que en 1986 estuve, junto con mi mujer, caminando una tarde-noche en Buenos Aires, ante la Casa Rosada, del brazo de las Abuelas de la Plaza de Mayo.

 

Francisco Javier Aguirre

miércoles, 18 de octubre de 2023

LA CÁRCEL REDENTORA. Aragón Digital

 

LA CÁRCEL REDENTORA

Leí hace poco en una red social un confuso comentario sobre las cárceles, atribuyéndoles la virtud de que los centros penitenciarios incrementan la capacidad de delinquir en los internos. Dicho de otra forma, que las estrategias de reinserción son contraproducentes, que no logran sus objetivos.

Evidentemente, estoy en desacuerdo con esa opinión. Tras quince años colaborando con funcionarios y otras personas responsables de la reinserción a través de actividades docentes, deportivas y culturales, y de participar en el programa de ‘población reclusa’ de Cruz Roja Española, a cuyo voluntariado pertenezco desde hace una década, estoy en absoluto desacuerdo con la opinión expresada confusamente por alguien en sentido contrario.

He tenido la fortuna de ser testigo de cambios radicales en la conducta de ciertos internos. He descubierto sentimientos ocultos por los avatares de la vida, he recibido confidencias y hasta confesiones más allá de lo jurídico, he experimentado en directo el agradecimiento de algunas personas conscientes de que quienes íbamos allí voluntariamente lo hacíamos porque los considerábamos personas con todos sus derechos a la cultura y el conocimiento. Una cultura y unos conocimientos que tal vez la vida les había negado por nacer en ambientes degenerados o en familias desestructuradas. A veces por sentirse oprimidos laboralmente e incluso por padecer dolencias psíquicas que nadie atendió a tiempo.

En definitiva, el centenar de personas vinculadas al extenso campo de la cultura que han participado en los programas que pude coordinar de acuerdo con los funcionarios responsables y con las directrices de Cruz Roja, me han confirmado sin ninguna excepción que para ellos la experiencia ha resultado altamente positiva. Más de uno mostró su reticencia inicial, pero tras la experiencia volvió a repetirla motu propio.

Otra circunstancia importante de estos quince años de convivencia con ese conjunto humano tan especial ha sido el conocimiento intelectual y la riqueza emocional que hemos atesorado a partir de los internos. Ese centenar de personas que hemos participado en estas actividades, nos hemos relacionado con personas deseosas de cambiar, de aprender y de abrir horizontes. No todo el mundo tiene esta actitud dentro de los centros penitenciarios, pero basta que una persona reciba a través de este procedimiento instrumentos que mejoren su vida, para que el trabajo realizado merezca la pena.

   (Artículo publicado en ARAGÓN DIGITAL el 17 de octubre de 2023)

domingo, 8 de octubre de 2023

LA ILUSIÓN CONYUGAL. Crónica Teatral

 

LA ILUSIÓN CONYUGAL. Crónica Teatral

Es poco frecuente y llama la atención que la música ambiental que recibe a los aficionados en una sala de teatro, sean los compases de una sinfonía de Beethoven. Y aún es más sorprendente cuando lo que se acude a disfrutar es una comedia. Por si fuera poco, cuando se abre el telón y aparece el montaje del escenario, esa misma música suena a todo volumen precediendo a la acción.

Este encabezamiento musical es muy satisfactorio para los melómanos refinados, aunque resulte un tanto insólito. Pero así comienza ‘La ilusión conyugal’ que desde el pasado viernes, día 6, ofrece el Teatro de Las Esquinas, bajo la dirección de Antonio Hortelano, y que ha despertado un enorme interés entre el público.

El argumento es sencillo pero bien estructurado: una pareja decide confesarse mutuamente sus infidelidades. Se trata de un juego no exento de riesgos. Pero los protagonistas, María y Maxi, interpretados por Ángela Cremonte y Alejo Sauras, lo asumen. Hay un diálogo fluido, con preguntas comprometidas y respuestas equívocas.

El morbo de la situación va ganando enteros hasta que interviene un tercer personaje que aparece como elemento de distensión. Se trata de un amigo, interpretado por Alex Barahona, a quien Maxi recurre de improviso para aliviar la tensión que ha crecido entre los miembros de la pareja. Es un tipo peculiar, un ejemplar masculino característico que asume de mala gana su soledad tras haber fracasado su matrimonio.

Progresivamente ese triángulo, inicialmente inocuo, va ganando dimensión y riesgo, incrementándose al mismo tiempo la comicidad. Hay, sin embargo, ciertos espacios ‘vacíos’, que ralentizan la acción innecesariamente.

En un momento de cierta tensión, ya al final de la obra, se resuelve la clave de la sorpresa que ha podido suponer para el espectador el inicio de la obra con música de Beethoven. Ingenioso recurso del autor, Éric Assous, arropado por una escenografía de Pablo Menor y las intrépidas actuaciones de la pareja formal, que contrastan con la aparente apatía, no exenta de comicidad, del amigo recién llegado.

El tema de la infidelidad conyugal puede enfocarse de forma dramática o resultar manido e intrascendente, pero ambos extremos se evitan en esta comedia que permanecerá durante dos semanas en el zaragozano Teatro de las Esquinas.

La obra de Assous se estrenó hace doce años con otro título, ‘Los hombres NO mienten’, protagonizada por el mítico galán Arturo Fernández, y desde entonces ha seguido cosechando aplausos.

 

Francisco Javier Aguirre

 

viernes, 29 de septiembre de 2023

MAQUIAVELO. Crónica Teatral

 

MAQUIAVELO. Crónica Teatral

Se atribuye a Maquiavelo esta sentencia apodíctica de que 'El fin justifica los medios' utilizada en la política y en otros asuntos humanos, aunque no todo el mundo esté de acuerdo en que sea el autor. Sin embargo, de su obra ‘El príncipe’ puede extraerse esta conclusión. Una fórmula que se aplica, sea de quien fuere, desde el principio de los tiempos en los que alguien tuvo mando sobre un conjunto de humanos. 

En ‘Maquiavelo’, la sorprendente representación ofrecida por el Teatro de Las Esquinas el pasado 28 de septiembre, el guión de la obra ofrece algunos episodios históricos en retrospectiva para confirmarlo.

El desarrollo argumental, escrito por Chema Cardeña, es tan simple como complejo, valga la paradoja: un político de alto nivel, interpretado por José Vicente Moirón, con dirección y dramaturgia de Pedro Luis López Bellot, personifica al prototipo del gobernante democrático que desarrolla su papel en el mundo contemporáneo. Puede ser España u otro país de su calibre, porque también la globalización ha causado sus efectos en este campo. Pero incluso sin recurrir a este fenómeno contemporáneo, el perfil desborda la cronología y la geografía.

El personaje representado por Moirón, es fácilmente identificable, sin que ello signifique un nombre concreto o el líder de un partido determinado. Hoy la alta política funciona así. La alta política, por cierto, está cada vez más baja, sirva de nuevo la paradoja, no solo en valores morales o éticos sino también en cuanto a su nivel de representación. Quien haya estado en contacto con las llamadas ‘autoridades’ –es distinto tener autoridad que ostentar poder–, puede dar fe de ello y elaborar un listado con nombres y apellidos, no solo en la política nacional, sino también en la regional, la provincial y la municipal. No todos los políticos son iguales, pero abundan los que cada vez se parecen más al descrito en ‘Maquiavelo’.

Pasando de las musas al teatro, la concepción escénica y el montaje de la obra impactan por su versatilidad, la oportuna combinación de medios expresivos, sea en la voz, sea en la gesticulación, sea en los recorridos espaciales, sea en los sobreentendidos que se derivan de las conversaciones telefónicas, sea también en el recurso al chantaje y a cualquier otra fórmula de abuso de poder expresado con palmaria verosimilitud por parte del actor.

El uso alternativo de la amplificación de la voz o del susurro, las secuencias televisivas con su final en carta de ajuste, las proyecciones en pantalla desde diferentes ángulos, con picados y contrapicados, los mensajes grabados, la utilización del color o el gris neutro... todo tiene un significado, todo encierra un mensaje que cala en el espectador y le estremece. ¿Hacia dónde caminamos en el orden político? ¿Tenían razón los escritores analistas de la realidad a quienes se consideró agoreros hace algunas décadas, algunos siglos?

Francisco Javier Aguirre


lunes, 11 de septiembre de 2023

UN SECRETO A VOCES. Crónica Teatral

 

UN SECRETO A VOCES. Crónica  Teatral

El género comedia, dentro del espectro escénico, exige ciertas concesiones. En el Teatro de las Esquinas se presentó durante el pasado fin de semana ‘Un secreto a voces’, obra escrita y dirigida por Álvaro Carrero, que en alguna de las funciones que la compañía La Cochera desarrolla en el Teatro Luchana, de Madrid, ha actuado también como actor sustituyendo a Pablo Puyol, que parece el titular del papel.

Se trata de una comedia que aborda la dificultad de guardar un secreto, y la confusión llena de oscilaciones que ello provoca. Un aspirante a médico que no consiguió iniciar la carrera, de lo que nos enteramos tangencialmente, inicia la acción esperando la llegada de un amigo para celebrar el cumpleaños de su novia, papel interpretado por Virginia Muñoz. Quien debe llegar es un amigo gay portador de un secreto, leit motiv argumental sobre el que transita toda la acción cómica.

Porque la acción es la clave de esta obra en la que no hay un minuto de respiro y en la que van hilándose una tras otra situaciones estrambóticas, surrealistas, caóticas y hasta ficticiamente dramáticas, condicionadas por desarrollarse en la última etapa del Covid 19, donde las precauciones, incluso entre amigos, se extremaban en algunos casos.

Miguel Ángel Martín, que encarna al amigo a quien se espera, gestiona el eje de la trama, apareciendo y desapareciendo del escenario y aportando su vis cómica tan conocida a través de sus actuaciones en programas como ‘Tú no mandas’. El uso de gags y referencias divertidas, recurriendo incluso a episodios imaginarios, bien socorridos por una luminotecnia oportuna, hace las delicias del público.

Profundizando un poco en el rocambolesco fresco cómico, hay una sutil crítica sobre la actualidad de las noticias falsas, los bulos, que ahora tienen una prescindible denominación en inglés, aunque esté en boca de quienes se tienen, tal vez, por postmodernos y universalistas.

Mediada la obra, parece adivinarse que, además de la pareja que ocupa el apartamento, va a producirse una conexión entre María, a quien interpreta Noemí Ruiz, y el inquieto portador del secreto, a pesar de que a este sigue caracterizándosele como gay, cuestión que no acaba de aclararse en la trama.

El que no coincidan en escena María y él hasta el final y el que no se reconozcan, a pesar de ser presuntamente pareja, se solventa recurriendo a una rara enfermedad, la prosopagnosia, aunque tampoco se explica la comunicación previa entre ambos con la intención de acudir al teatro, un asunto que queda en el aire sin más explicaciones.

Pero las risas están aseguradas, a lo que contribuye el acento malagueño que utilizan los actores.

Francisco Javier Aguirre

 

domingo, 10 de septiembre de 2023

LA HISTORIA INTERMINABLE. Crónica Teatral

 

LA HISTORIA INTERMINABLE.  Crónica Teatral

Es un riesgo indudable trasladar al escenario un texto narrativo que trata de vehicular la realidad con una fantasía cuyo eje conductor propende a desembocar en ‘la Nada’. Dicho riesgo se ha corrido por partida doble, puesto que ‘La historia interminable’ de Michael Ende no sólo ha sido escenificada, sino también musicalizada. El Teatro Principal ha aceptado ese reto programando el espectáculo durante tres semanas, a partir del pasado viernes, día 8, aunque apostando sobre seguro tras los varios meses de éxito de la obra en el Teatro Calderón de Madrid.

Para degustarla en su versión escénico-musical resulta muy conveniente haberla leído en su versión literaria, aparecida en 1979 y ampliamente difundida tras el impacto causado dentro del género. Se trata de uno de los libros narrativos que marca un antes y un después respecto al valor de la fantasía frente a las simples crónicas o reconstrucciones de la realidad, antigua o moderna. Hay gustos para todos y cada lector tiene su opinión al respecto.

Volviendo al espectáculo ofrecido en adaptación musical hay que destacar la precisión en el ritmo y la excelencia del montaje, con numerosos cuadros escénicos que exigen un diseño previo muy cuidado. De hecho, la sesión comienza con un cortometraje en el que se explica el proceso de creación y construcción de la obra.

La música sigue los patrones habituales empleados por el compositor Iván Macías, indudablemente influido por la larga y poderosa trayectoria de Broadway, aunque se haya incluido algún número de resonancia más castiza. Especial relieve, desde el punto de vista coreográfico, tiene la ‘danza de los pájaros negros’, magnificando el reputado claqué de la tradición norteamericana.

La adaptación del texto literario por parte de Félix Amador es correcta y sintetiza de forma adecuada el argumento. Hay que advertir, sin embargo, que para profundizar en el contenido ideológico que trasciende de la narrativa se necesita una cierta capacidad de reflexión, independientemente de la edad del espectador. Es decir, que los niños y adolescentes ‘despiertos’ pueden captar la sutileza de los mensajes que se entrelazan con la trama.

Lo que realmente singulariza a esta producción es el uso de la técnica denominada animatrónica, que impacta al espectador y consigue efectos especialmente realistas con la aparición del caballo de Atreyu, Ártax, así como la del benéfico dragón Fújur, e incluso la de las rocas parlantes, que en su momento dieron nombre al grupo de pop-rock Vetusta Morla.

Francisco Javier Aguirre